Rincón para Ripios (Jorbon's poetry)
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RINCÓN PARA RIPIOS: Versos y Rimas por Jorge Enrique Bonilla


NOSTALGIA POR TUS BESOS

Nostalgia por tus besos,
Por tu lengua, por tu "vos",
Por las largas siestas
Y como hablabas el español;
Por tus anchetas caderas,
Tus senos volcánicos
Y tus valles cobrizos;
Por las ansias caribeñas
De tus bellas costeñ
Por tu carne y tu sudor,
Por tus ojos augurios
En el mar de la pasión;
Por las caricias milenarias
De tus montañas infinitas;
Por el amparo de tu cuerpo
En la las noches sin luna.


QUISIERA TU ALMA CONTEMPLAR

Quisiera tu alma contemplar
En la trascendencia
Del tiempo:
Diáfana laguna celestial
Donde ángeles y peces
Se confunden.
Quisiera volver
Al lejano pasado
cuando tu alma ennoblecida
Por la inocencia soñaba
Con conquistas etéreas.
Quisiera escuchar
Aquellas tus melodías
Exquisitas
Que a mi alma lisonjeaban,
Aquellas melodías
Con olor a hierbabuena
Y suaves como el sereno.
Quisiera volver a ver
Tus bellos crepúsculos
Y espectaculares albores
De tibio sol
Y tierno rocío.
Aquellos días
En que tu pueblo
de folklore se vestía
Y las leyendas pulsaban
Por las venas del campo.
Quisiera volver a respirar
Aquella tu atmósfera
De mística y cambio,
De revolución y diálogo
Con aquel tu pueblo
Tan espontáneo y sincero.
Quisiera regresar
A tu cándida cuna
Hecha de versos
Y en el vuelo del ansia
Reconstruir tu destino.


EL PASO DEL TIEMPO

El paso del tiempo
Dejando tras sí
Intersticios vacíos
Y lagunas de nada.
Cicatrices que resucitan
Al rememorar el camino;
Llagas que se abren
Brotando sangre en hilos
Que demarcan el destino.
La paz tiznada
Por la perenne fuente
De lágrimas
Que lloran el ayer
Y temen el mañana.
Sigue el tiempo acesando,
Segundo tras segundo,
Tratando de alcanzar
La eternidad
Y olvidarse a sí mismo.


LA PRIMAVERA

Puebla de nuevo la primavera
Mis pensamientos.
¡Resucito!
Canto una canción.
Escucho de nuevo al viento
Soplar,
A la flora,
A la fauna
Y a los grillos cantar.
Y como encanto tu sonrisa,
Como lejana estrella
Que alumbra una esperanza;
Como después de las lluvias
Cuando los seres del viento
Despiertan
Bajo jaúl y ciprés.
Contando las últimas gotas
Que de ellos resbalan,
Despierta también la esperanza
En Hombre y Tierra.
Y como el viento
Mi corazón descansa.


UNA SIESTA


Flotan a través de mis ojos
Momentos de paisajes
De un presente muy remoto:
Un terreno ignoto
De alma encendida,
De piedra dura y caliente;
De un horizonte reverberante
Que levita en el espejismo
Del aire transparente;
De tambores y palmeras
A distancias muy remotas.
Flota también un habla
Que adula y acaricia
Un sopor delicioso.
Mi reloj da las dos,
El sol da la tarde
Y amenaza la vigilia
Con despertarme de la siesta.


HOY

Hoy me desperté
Creyendo en Dios.
Viví lo fascinante
Del logos en el sueño.
Y a pesar de la paradoja
Del amor en el otoño,
Los versos como aves
Vuelan de mis labios.
La efusión de la esperanza
en el amor yo tengo
En horas eternas
De larga espera,
Que la fe en mi corazón
Jamás muera,
Mientras con presura
Añoro tu regreso.


CUÉNTAME UNA HISTORIA

Cuéntame una historia,
Una historia de otros tiempos;
De otras esferas, de otros reinos,
De lugares lejanos en el tiempo;
De épocas pretéritas,
De hadas y princesas,
De gnomos y centauros,
De espíritus etéreos
Y formas subterráneas.
Cántame unos versos,
Versos llenos de artificios
Con gemas preciosas
Y manjares exquisitos;
Versos cursis, pero de otros tiempos,
Con torres de marfil y cisnes blancos.
Libérame con tus cadencias,
Con las cadencias de tu divina retórica;
Con las suaves lisonjas de tus manos tórtolas.
Huye, alma mía,
De la taciturna indiferencia
De la vida prosaica.


LOS ÁRBOLES LLORAN

Decrépitos, los árboles lloran el ayer:
La juventud de la primavera,
La cálida madurez del verano,
La profunda sabiduría del otoño...
Pero todo cae con la llegada del invierno.
Caen las hojas que tan sólo ayer
De gustosos colores se vestían.
Y ahora enterradas por la nieve,
Sepultadas en el olvido, mueren.
Lacerados, los árboles se consuelan
En su desnudez y lloran.
Recuestan sus cansados cuerpos
En el frío del paisaje y tiemblan,
De frío y de solos,
Al compás del hielo que se quiebra
Al golpe de las frías pisadas
Indiferentes que se alejan a la distancia.


YA PASARÁ LA TORMENTA

Ya pasará la tormenta,
Ya acabarán las lluvias
Y saldrá el sol.
Ya terminará la espera,
Pronto estaremos juntos,
Juntos tú y yo.
Ya dejará de tronar,
No caerán rayos tampoco.
No habrá más relámpagos,
Tan sólo los que provoquen
Nuestros cuerpos al hacer
El amor.
No habrá más huracanes
Ni tampoco un diluvio
Como nos prometió Dios,
Tan sólo aquella lluvia
Cristalina que provocan
Nuestras almas
Al hacer el amor.


GRACIAS, SEÑOR

Gracias, Señor,
Porque soñar puedo todavía
Porque sin sueños
La vida no es vida.
Son los sueños la esperanza
De un porvenir menos amargo.
Señor, a Vos te encargo
Que a mis sueños llenés de amor.
Porque sin Vos los sueños no son
Y el amor menos todavía.
Porque sin amor sueños no tengo,
No tengo sin Vos
Posibilidad de tener vida.


LA CAÍDA

Fuimos arrojados del cielo
A un mundo sin consuelo.
La armonía que una vez existía
Se rompió cual vieja drusa
Y no puso Dios excusa
Para su Divina Intransigencia.
Mas de desobediencia nos acusa
Cuando bien nos conocía,
Que con el tabú la picardía nos provoca.
Ya bien Él sabía
Que la manzana Eva mordería.
Más adelante, en su palabra, nos declara
Que de la Ley el pecado toma ventaja.
Porque tampoco conociera
Eva la codicia
Si el mandamiento
No le hubiese dicho
Que de esa fruta no comiera.
Al hombre, Dios bien lo conocía,
Y el encanto que la mujer ejercía
Sobre él con su carne,
Su ternura y su fragancia.
Sin parecerle poco el ardid todavía
Una serpiente nos arrima,
Mordaz y llena de artimañas.
Y nosotros tan llenos de flaquezas.
¡OH Divino Dramaturgo,
Tu escribiste el manuscrito
De nuestra caída la leyenda!
Y seguimos nosotros pagando
Con el sudor de la frente
Y los dolores del parto.


AQUELLA COSTA RICA

Era un país lento
De bueyes y carretas,
De niños con pies descalzos.
Era un pueblo creyente
Con romerías a Cartago,
Con soledad en los domingos
En un San José desierto.
Ayunaban los viernes santos,
No transitaban los vehículos
Ni nadaban en los balnearios.
Se paseaban por los parques
Las mujeres todavía vírgenes.
No había televisores,
Sólo cine los domingos.
Ondeaba la bandera
Temprano en las escuelas
Y sonaban las campanas
Puntuales a la hora.
Venían las verduras
Bien temprano del campo.
Era un país lento,
Aún mataban a los toros
En las corridas de fin de año
Y aterrizaban los aviones
Todavía en la Sabana.
Cobraban las tarifas
Muy amables los cobradores
En aquellas cazadoras
Que lentamente recogían
A la gente del campo.
Era un país lento
De bueyes y carretas,
De niños con pies descalzos.


EL SENDERO DE VUELTA

El sendero de vuelta
Trazado ya está
Por las estrellas,
Pero desconocido para él
Que a tientas percibe
Tan sólo sus propios pies
Al andar.
Y en el ciego trayecto
Y al escalar
Inhóspitos despeñaderos
Como un peldaño
Se encuentra ella.
Ella,
Una señal en el camino;
Ella,
Un delicioso bálsamo
Para que pueda él
Seguir con su destino
Acuestas.
Él, para ella,
Eso él no lo sabía
Porque no podía,
Dado su gran egoísmo,
Ni siquiera imaginárselo.

Y a la luz de las estrellas
Los cuerpos se estrechan.
Entrelazados los senderos,
Los brazos y las piernas.
Y arde la pasión,
Y como lava se derrama
Borrando
Todo vestigio de dolor.
Y la ilusión se enciende
Derramando
Su luz hacia un futuro
Infinito
De dos almas
Que juntas eternamente
Vuelan.

Y el cielo da vueltas.
Y a la mañana siguiente
Cuando él despierta
Solo se encuentra.
Se ha marchado ella.
Y él
Con el recuerdo de una flor
Se queda,
Y solo se queda.
Y la flor se marchita.
Y la desolación del frío
Le cobija.
Y siente el infinito vértigo
del vacío.
Y se lamenta y recuerda:
Luchó contra viento y marea
Y abandonó su propio sino;
Y se despojó de sí mismo
Y con todo ímpetu se entregó.
Trató, quiso, soñó
Y creyó poseerla.
Y se desvanece ella.
Y él,
Con el recuerdo de una flor
Se queda;
Y solo se queda
Y el recuerdo se marchita.

Y el eco del mañana
En el frío del silencio
le susurra:
"En esa misma piedra solitaria
Me senté una vez yo
Con el recuerdo de una flor
Que también se marchitó."
Y él reclama:
"Hice todo lo humano
Y sobrehumano
Por poseerla.
Y ahora además,
Aun el recuerdo se marchita."
Y el eco del mañana
En el frío del silencio
le responde:
"¿Cómo esperas
A esa flor haber poseído
Si antes bien,
no te posees a ti mismo?
Busca las cumbres
Donde el cielo es transparente
Y el aire libre está
De ilusiones.
Sigue escalando
Que en la desolación
de la roca
Otra flor te espera."

Y él,
Con la esperanza
De una flor se queda.
Y solo se queda,
Pero la esperanza
A diferencia de
Del recuerdo y las flores
No se marchita.


ECO EN MIS RECUERDOS


Tu vos, eco en mis recuerdos,
Como delicada lira
En manos de una diosa.
Reverbera en mi memoria
Las bellas palabras de amor
Dichas en tu suave español,
Cuando en aquel caluroso verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu dulce voz me embriagaba.

La fragancia de tu cuerpo,
Celestial aroma que evoca
En mí reminiscencias
De tu sudor sagrado,
Cuando en el calor del verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu efluvio me embriagaba.

Mis labios rememoran
Tus tiernos pechos,
Suaves como el rocío
En los pétalos de una rosa
De una mañana de abril.
Mis manos también recuerdan
Tus suaves ensenadas caderas,
Cuando en aquel verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y el calor de tu carne me embriagaba

Mis dedos aún retiene la recordanza
Del sabor de tus suaves labios;
El gusto de tus tiernos pechos.
De entre tus piernas tu sabor
Dejaba en mi paladar una acordanza
Que recordaba en aquel verano
Cuando nuestros cuerpos se derretían
Y el sabor de tu piel me embriagaba.

Tu angelical mirada
Esculcando los recovecos
Más recónditos de mi alma.
Dejaba en mi corazón la huella
De tu más dulces recuerdos.
Me abrían tus ojos
Las azules puertas
Invitándome a entrar
A la más bella morada
De tu fuero interior.
En aquel caluroso verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu mirada me embriagaba.


CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

Caminante, sí hay camino, tan sólo tienes que andar.
Hay muchos caminos, no te vayas a equivocar.
No todos los caminos llevan a Roma,
Algunos se disipan, otros van a dar al mar.

Caminante, sí hay paisajes, tan solo tienes que mirar.
Hay muchos paisajes, no te vayas a equivocar.
No todos los paisajes están colmados de belleza,
Algunos son espejismos que se disipan, otros están más allá.

Caminante, sí hay amor, tan solo tienes que amar.
Hay muchos amores, no te vayas a equivocar.
No todos los amores llevan a la dicha,
Algunos se disipan, otros te harán llorar.

Caminante, sí hay humildad, tan solo tienes que humillar.
Hay muchas humillaciones, no te vayas a equivocar.
No todas las humillaciones te llevan a la humildad,
Algunas se disipan en infundios, otras son falsa personalidad.

Caminante, sí hay esperanza, tan solo tienes que orar.
Hay muchas oraciones, no te vayas a equivocar.
No todas las oraciones conducen a la paz,
Algunas se disipan si antes no has de perdonar.

Caminante, sí hay camino, tan solo tienes que andar.
Son muchos los caminos, no te vayas a equivocar.
Todos los caminos menos uno te han de extraviar,
Ese camino es Cristo, el único camino de verdad.



EN LA MAÑANA DE UN DOMINGO

En la mañana de un domingo soleado de otoño
El aroma de una bella flor del paraíso,
Como el canto hechizante de una hermosa sirena,
Lo cautiva y embelesado se rinde a su encanto.
Lo triste es que la flor esconde un cierto veneno,
Poción adictiva que al alma ofusca y abruma.
Él bien sabe que provienen de un árbol prohibido.
Corta una flor y del alma, por el pecado, cae enfermo.
Una nube de plomo sobre su alma se posa
E insufrible dolor lo asoma al abismo del infierno.
Cae el telón de la oscura noche del alma.
De la desesperación y la culpa yace prisionero.
Su alma en horas eternas de zozobra y amargura
Llora y lamenta en soledad su incauta osadía,
Por haber perdido la luz de aquel bello día.
Promete no cortar más, por más bello el racimo
Por más bellas que sean las flores del árbol prohibido.
Cuando al jardín salga el próximo domingo
Y de nuevo sea tentado por un bello racimo
Esperamos que por temor a Dios y obediencia
Busque otro árbol que no sea nocivo.


MARÍA

María, escuchas mis plegarias del alma en silencio,
Y como gota de agua dulce que cae en el océano
Se ahoga el gemido y clamor de mi sufrimiento
En un tranquilo mar de serenidad y descanso.

En virtud del contraste entre nuestra dimensión:
Tú, reina del vasto cosmos y toda la creación;
Yo, un simple, olvidado y pobre pecador, no soy digno
De tu audiencia, de tu auspicio y mucho menos de tu amor.

El coro angelical que le endulza los oídos a Dios
No se compara con la pureza de tu silente voz.
De osadía también peco porque no soy digno
De pronunciar tu nombre y lastimar tu corazón.

Abriré mis labios, para elevar y cantar tu alabanza,
Para que mi canto como pardal se fugue de mi jaula
Y vuele más allá del bullicio de dolor que me aprisiona
En busca de tu silencio, la más dulce melodía.


EL ETERNO PRESENTE PROGRESIVO

Y todo, en un presente progresivo se desarrollaba
Ante ciegos espectadores que no se percataban
De las macabras tempestades que se urdían
Desconcertando a los átomos que armonizaban
Y a los elementos que en concierto cantaban:

El negro telón de la divina tragedia se cerraba.
Por orgullo un bello ángel a Dios traicionaba
Y a una inocente mujer una manzana le daba.
Los cielos de sangre se revestían
Mientras el dolor de sus entrañas brotaba.
Un hermano a otro por envidia mataba
Y en un diluvio la humanidad se ahogaba.
Mientras la tormenta infernal de la muerte amenazaba
Nubes de lava a escondidas se acercaban.
Por lujuria dos ciudades en fuego se consumían
Y por desobediencia una mujer en sal se tornaba.
La desesperación y el desconsuelo lloraban
E insufrible dolor en la esclavitud les anegaba.
A un pueblo esclavo en libertad Dios ponía,
Mientras que con la duda y desobediencia le pagaban
La obscura noche del cosmos continuaba.

Y la historia en un presente progresivo que no se detenía
A todos los profetas a muerte apedreaba.
Se apiada Dios de una humanidad que sufría
Y su Espíritu concibió en la Virgen María
Al Alfa, al Omega, a la Palabra Viva,
Al Salvador del mundo con toda alegría.
Y la historia que a todos los profetas apedreaba
Al Salvador del mundo crucificaba.
Y en el presente progresivo estamos todavía
Sin entender lo que son los celos y es la envidia,
Sin poder distinguir entre el amor y la lujuria.




LA GEOGRAFIA DEL ALMA

Estudia la geografía de tu alma
Con mucha cautela y esmero.
Que te hundes sin darte cuenta
En la indiferencia del fango
De tu impasible conciencia.
Del fétido y obsceno pantano
Ojalá puedas salir algún día.
Estudia asiduamente y con ahínco
Porque arrastrarte por la charca
De un cenagoso atolladero
No es digno de la honra
De un cristiano caballero.
Despierta y recapacita
Que cerca hay un barranco
Y te puedes despeñar
Por un tenebroso precipicio.
Tal abrupta y siniestra caída
Da al abismo del propio infierno.
No sé si podrás tener salida
Porque fácil es darse por vencido.

A escalar pues, se ha dicho.
De tu conciencia desecha toda carga
Ya que tienes que trepar liviano.
Olvida todo recuerdo que te amarga
Porque tienes que ascender ligero.
Ya está oscuro y el tiempo apremia
Que tan sólo para alcanzar el llano
Largo y sombrío trecho te espera.
Cuando logres llegar a un descampado
Huye de tu impávida conciencia;
Huye de lo que te ha tenido atascado
Desde tu primera infancia.


SEÑOR

Señor, si antes no te había pedido sabiduría
Es por mi arrogancia espiritual al creer que ya la poseía.
Señor, perdona mi indiscreción.
Señor, te ruego, te dignes perdonar mi osadía.
Según mi entender ha sido por ignorancia y no por rebeldía.
Señor, perdona mi desacierto.
Y si he pecado de la más desleal rebeldía
Ha sido por no entender mi dolor debido a mi ignorancia.
Señor, perdona mi desconcierto.
Recuerdo el gusto por las tinieblas que desde mi infancia sentía;
Los demonios que a diario me visitaban al morir el día.
Señor, cúbreme con tu manto.
Mi obsesión con la carne, la razón por la cual te traicionaría
Al igual que el Rey Salomón, aunque él sabiduría si tenía.
Señor, perdona mi traición.
Mi obsesión con la carne que me atormenta hasta hoy día
A pesar de tener los años viejos y la barba emblanquecida.
Señor, de mí ten compasión.
Sé que es hora de decirle adiós a la sangre enaltecida,
Abandonar este viejo calabozo y buscar nueva guarida.
Señor, dame alojo en tu mansión.
Apaga este fuego, pero deja la luz encendida.
Que tengo miedo y peco también de cobardía.
Señor, sé tú mi bastión.
Ten piedad de mí y líbrame de esta mi eterna melancolía,
Que mi conciencia me flagela y no me da salida.
Señor, ábreme tu corazón.
Bebo el brebaje de los espíritus en lugar de tu agua cristalina.
Sigo sediento, busco la disipación y me quejo de la vida.
Señor, perdona mi desviación.
Alego tenerte temor, sin embargo abuso de tu benevolencia.
Miro hacia otra parte y hago caso omiso de tu advertencia.
Señor, perdona mi degradación.
Alego tenerte amor, sin embargo no guardo tu enseñanza;
Me desconcierto ante las pruebas y pierdo la esperanza.
Señor, perdona mi falta de decisión.
Concédeme el espíritu de la templanza y la disciplina,
Pero sobre todo, concédeme humildad y sabiduría.


ERA UNA TARDE
Versos dedicados a Paula Bryant.

Era una tarde durante el solsticio de verano
Cuando por primera vez se conocían.
Él, con su mejor traje y flores en la mano;
Ella, de negro junto a la Virgen lo esperaba
En la Basílica de San Juan Capistrano.
Él, con sus profundos ojos negros la miraba
Y respondía ella con sus ojos color cieloÖ
Y del ansia estallaban cándidas sonrisas.
Aligeraba él furtivamente el paso,
Ella junto a la Virgen se quedabaÖ
Se acercaban los cuerpos, se daban un abrazo
Como si ya hacía mucho tiempo se conocieran.
Y en unísono sentía el uno lo que sentía el otro:
Esa parte del alma que siendo propia es ajena,
Esa parte perdida en los dédalos del tiempo.
Dos cuerpos en el fondo de la queda basílica,
Y una sola sombra en la penumbra del templo.
Como dos arroyos que convergían en un caudal
Unidos salían del templo juntos de la mano.
En esa misma bella tarde de verano
Se conocían también dos golondrinas
En el campanario de San Juan Capistrano.


EN LA OBSCURA NOCHE


En la obscura noche, una soledad amarga
Y como un relámpago inesperado
En el calor del desierto
El amor despierta con el alba.
Dorados rizos tiene la aurora
Y como si fuese mujer, azules los ojos.
Compasiva me mira muy de lejos
Y con sus blancos dedos de nube
Cartas de amor en el cielo me escribe.
Teje su prosa un lienzo divino,
Lo envuelve en una puesta de sol
Y me lo envía como recado de amor.
La soledad, por dichosa alegría trocada...
En lo pleno del día me encuentro ahora.


EL LOBO Y LA DONCELLA (poema infantil)

Andaba un viejo lobo,
De esos que andan solos,
En lontananza perdido.
Tenía el pelaje blancuzco
De pasar tantos inviernos.
El viejo lobo ya cojeaba
Y maltrecho se encontraba.
Se le había nublado la vista
De rumiar tanto en las estepas.
Ensimismado en el invierno seguía
Y no percibía la luz de la primavera
De tanto buscar lo que no encontraba.

En otro ámbito de la geografía
Cerca de un bosque encantado
Se encontraba una doncella.
Inefable era su descripción,
Pues del mundo era la más bella;
Su alma era blanquísima,
Más blanca que las estrellas.
Jugaba con un niño a las escondidas
Como si una niña ella también fuera.
Al esconderse, de su casa se alejó
Y en el bosque encantado se extravió.
El mismo día el lobo al bosque se dirigió.

Un encuentro imposible parecía
Por ser tan vasta la geografía.
A pesar de que de probabilidades
El lobo no sabía, no obstante,
Y por arte de magia fue a parar
A donde la doncella se escondía.

Al principio ella le temió,
Pero era tanta su bondad
Que del lobo se apiadó.
Y en virtud de su belleza
El lobo en cachorrito se volvió.
La doncella la patita le curó,
Le lustro el pelaje gris
Y como a un animalito de peluche
Le dio un besito en la nariz.
Al lobo la visión se le aclaró.
Pudo ver el sol y las estrellas
Y vio a la doncella más bella
Que en la historia existió.

Y muy amigos se hicieron.
Y juntos a la casa volvieron
Donde el niño aún seguía
Contando a las escondidas.


NOSTALGIA POR TUS BESOS

Nostalgia por tus besos,
Por tu lengua, por tu "vos,"
Por las largas siestas
Y como hablabas el español;
Por tus anchetas caderas,
Tus senos volcánicos
Y tus valles cobrizos;
Por las ansias caribeñas
De tus bellas costeñas;
Por tu carne y tu sudor,
Por tus ojos augurios
En el mar de la pasión;
Por las caricias milenarias
De tus montañas infinitas;
Por el amparo de tu cuerpo
En la las noches sin luna.


QUISIERA TU ALMA CONTEMPLAR

Quisiera tu alma contemplar
En la trascendencia
Del tiempo:
Diáfana laguna celestial
Donde ángeles y peces
Se confunden.
Quisiera volver
Al lejano pasado
cuando tu alma ennoblecida
Por la inocencia soñaba
Con conquistas etéreas.
Quisiera escuchar
Aquellas tus melodías
Exquisitas
Que a mi alma lisonjeaban,
Aquellas melodías
Con olor a hierbabuena
Y suaves como el sereno.
Quisiera volver a ver
Tus bellos crepúsculos
Y espectaculares albores
De tibio sol
Y tierno rocío.
Aquellos días
En que tu pueblo
de folklore se vestía
Y las leyendas pulsaban
Por las venas del campo.
Quisiera volver a respirar
Aquella tu atmósfera
De mística y cambio,
De revolución y diálogo
Con aquel tu pueblo
Tan espontáneo y sincero.
Quisiera regresar
A tu cándida cuna
Hecha de versos
Y en el vuelo del ansia
Reconstruir tu destino.


EL PASO DEL TIEMPO

El paso del tiempo
Dejando tras sí
Intersticios vacíos
Y lagunas de nada.
Cicatrices que resucitan
Al rememorar el camino;
Llagas que se abren
Brotando sangre en hilos
Que demarcan el destino.
La paz tiznada
Por la perenne fuente
De lágrimas
Que lloran el ayer
Y temen el mañana.
Sigue el tiempo acesando,
Segundo tras segundo,
Tratando de alcanzar
La eternidad
Y olvidarse a sí mismo.


LA PRIMAVERA

Puebla de nuevo la primavera
Mis pensamientos.
¡Resucito!
Canto una canción.
Escucho de nuevo al viento
Soplar,
A la flora,
A la fauna
Y a los grillos cantar.
Y como encanto tu sonrisa,
Como lejana estrella
Que alumbra una esperanza;
Como después de las lluvias
Cuando los seres del viento
Despiertan
Bajo jaúl y ciprés.
Contando las últimas gotas
Que de ellos resbalan,
Despierta también la esperanza
En Hombre y Tierra.
Y como el viento
Mi corazón descansa.


UNA SIESTA

Flotan a través de mis ojos
Momentos de paisajes
De un presente muy remoto:
Un terreno ignoto
De alma encendida,
De piedra dura y caliente;
De un horizonte reverberante
Que levita en el espejismo
Del aire transparente;
De tambores y palmeras
A distancias muy remotas.
Flota también un habla
Que adula y acaricia
Un sopor delicioso.
Mi reloj da las dos,
El sol da la tarde
Y amenaza la vigilia
Con despertarme de la siesta.


HOY

Hoy me desperté
Creyendo en Dios.
Viví lo fascinante
Del logos en el sueño.
Y a pesar de la paradoja
Del amor en el otoño,
Los versos como aves
Vuelan de mis labios.
La efusión de la esperanza
en el amor yo tengo
En horas eternas
De larga espera,
Que la fe en mi corazón
Jamás muera,
Mientras con presura
Añoro tu regreso.


CUÉNTAME UNA HISTORIA

Cuéntame una historia,
Una historia de otros tiempos;
De otras esferas, de otros reinos,
De lugares lejanos en el tiempo;
De épocas pretéritas,
De hadas y princesas,
De gnomos y centauros,
De espíritus etéreos
Y formas subterráneas.
Cántame unos versos,
Versos llenos de artificios
Con gemas preciosas
Y manjares exquisitos;
Versos cursis, pero de otros tiempos,
Con torres de marfil y cisnes blancos.
Libérame con tus cadencias,
Con las cadencias de tu divina retórica;
Con las suaves lisonjas de tus manos tórtolas.
Huye, alma mía,
De la taciturna indiferencia
De la vida prosaica.


LOS ÁRBOLES LLORAN

Decrépitos, los árboles lloran el ayer:
La juventud de la primavera,
La cálida madurez del verano,
La profunda sabiduría del otoño...
Pero todo cae con la llegada del invierno.
Caen las hojas que tan sólo ayer
De gustosos colores se vestían.
Y ahora enterradas por la nieve,
Sepultadas en el olvido, mueren.
Lacerados, los árboles se consuelan
En su desnudez y lloran.
Recuestan sus cansados cuerpos
En el frío del paisaje y tiemblan,
De frío y de solos,
Al compás del hielo que se quiebra
Al golpe de las frías pisadas
Indiferentes que se alejan a la distancia.


YA PASARÁ LA TORMENTA

Ya pasará la tormenta,
Ya acabarán las lluvias
Y saldrá el sol.
Ya terminará la espera,
Pronto estaremos juntos,
Juntos tú y yo.
Ya dejará de tronar,
No caerán rayos tampoco.
No habrá más relámpagos,
Tan sólo los que provoquen
Nuestros cuerpos al hacer
El amor.
No habrá más huracanes
Ni tampoco un diluvio
Como nos prometió Dios,
Tan sólo aquella lluvia
Cristalina que provocan
Nuestras almas
Al hacer el amor.


GRACIAS, SEÑOR

Gracias, Señor,
Porque soñar puedo todavía
Porque sin sueños
La vida no es vida.
Son los sueños la esperanza
De un porvenir menos amargo.
Señor, a Vos te encargo
Que a mis sueños llenés de amor.
Porque sin Vos los sueños no son
Y el amor menos todavía.
Porque sin amor sueños no tengo,
No tengo sin Vos
Posibilidad de tener vida.


LA CAÍDA

Fuimos arrojados del cielo
A un mundo sin consuelo.
La armonía que una vez existía
Se rompió cual vieja drusa
Y no puso Dios excusa
Para su Divina Intransigencia.
Mas de desobediencia nos acusa
Cuando bien nos conocía,
Que con el tabú la picardía nos provoca.
Ya bien Él sabía
Que la manzana Eva mordería.
Más adelante, en su palabra, nos declara
Que de la Ley el pecado toma ventaja.
Porque tampoco conociera
Eva la codicia
Si el mandamiento
No le hubiese dicho
Que de esa fruta no comiera.
Al hombre, Dios bien lo conocía,
Y el encanto que la mujer ejercía
Sobre él con su carne,
Su ternura y su fragancia.
Sin parecerle poco el ardid todavía
Una serpiente nos arrima,
Mordaz y llena de artimañas.
Y nosotros tan llenos de flaquezas.
¡OH Divino Dramaturgo,
Tu escribiste el manuscrito
De nuestra caída la leyenda!
Y seguimos nosotros pagando
Con el sudor de la frente
Y los dolores del parto.


AQUELLA COSTA RICA

Explicación de nombres propios y costarriqueñismos:
Carreta con bueyes: Símbolo nacional de Costa Rica
Niños descalzos: Antes de la Revolución
de 1948 había pobreza extrema en Costa Rica.
Cartago: Ciudad donde se encuentra la Basílica
de la Virgen de los Ángeles.
San José: Ciudad capital de Costa Rica
La Sabana: Antiguo aeropuerto internacional
Cazadoras: Autobuses


Era un país lento
De bueyes y carretas,
De niños con pies descalzos.
Era un pueblo creyente
Con romerías a Cartago,
Con soledad en los domingos
En un San José desierto.
Ayunaban los viernes santos,
No transitaban los vehículos
Ni nadaban en los balnearios.
Se paseaban por los parques
Las mujeres todavía vírgenes.
No había televisores,
Sólo cine los domingos.
Ondeaba la bandera
Temprano en las escuelas
Y sonaban las campanas
Puntuales a la hora.
Venían las verduras
Bien temprano del campo.
Era un país lento,
Aún mataban a los toros
En las corridas de fin de año
Y aterrizaban los aviones
Todavía en la Sabana.
Cobraban las tarifas
Muy amables los cobradores
En aquellas cazadoras
Que lentamente recogían
A la gente del campo.
Era un país lento
De bueyes y carretas,
De niños con pies descalzos.


EL SENDERO DE VUELTA

El sendero de vuelta
Trazado ya está
Por las estrellas,
Pero desconocido para él
Que a tientas percibe
Tan sólo sus propios pies
Al andar.
Y en el ciego trayecto
Y al escalar
Inhóspitos despeñaderos
Como un peldaño
Se encuentra ella.
Ella,
Una señal en el camino;
Ella,
Un delicioso bálsamo
Para que pueda él
Seguir con su destino
Acuestas.
Él, para ella,
Eso él no lo sabía
Porque no podía,
Dado su gran egoísmo,
Ni siquiera imaginárselo.

Y a la luz de las estrellas
Los cuerpos se estrechan.
Entrelazados los senderos,
Los brazos y las piernas.
Y arde la pasión,
Y como lava se derrama
Borrando
Todo vestigio de dolor.
Y la ilusión se enciende
Derramando
Su luz hacia un futuro
Infinito
De dos almas
Que juntas eternamente
Vuelan.

Y el cielo da vueltas.
Y a la mañana siguiente
Cuando él despierta
Solo se encuentra.
Se ha marchado ella.
Y él
Con el recuerdo de una flor
Se queda,
Y solo se queda.
Y la flor se marchita.
Y la desolación del frío
Le cobija.
Y siente el infinito vértigo
del vacío.
Y se lamenta y recuerda:
Luchó contra viento y marea
Y abandonó su propio sino;
Y se despojó de sí mismo
Y con todo ímpetu se entregó.
Trató, quiso, soñó
Y creyó poseerla.
Y se desvanece ella.
Y él,
Con el recuerdo de una flor
Se queda;
Y solo se queda
Y el recuerdo se marchita.

Y el eco del mañana
En el frío del silencio
le susurra:
"En esa misma piedra solitaria
Me senté una vez yo
Con el recuerdo de una flor
Que también se marchitó."
Y él reclama:
"Hice todo lo humano
Y sobrehumano
Por poseerla.
Y ahora además,
Aun el recuerdo se marchita."
Y el eco del mañana
En el frío del silencio
le responde:
"¿Cómo esperas
A esa flor haber poseído
Si antes bien,
no te posees a ti mismo?
Busca las cumbres
Donde el cielo es transparente
Y el aire libre está
De ilusiones.
Sigue escalando
Que en la desolación
de la roca
Otra flor te espera."

Y él,
Con la esperanza
De una flor se queda.
Y solo se queda,
Pero la esperanza
A diferencia de
Del recuerdo y las flores
No se marchita.


EN LA MAÑANA DE UN DOMINGO

En la mañana de un domingo soleado de otoño
El aroma de las más fragantes flores de un paraíso,
Como hechizante canto de la más hermosa sirena,
Lo cautiva y embelesado se rinde a su encanto.
Lo triste es que las flores contienen un cierto veneno,
Poción adictiva que al alma ofusca y abruma.
Él bien sabe que provienen de un árbol prohibido.
Corta una flor y del alma, por el pecado, cae enfermo.
Una nube de plomo sobre su alma se posa
E insufrible dolor lo asoma al abismo del infierno.
Cae el telón de la obscura noche del alma
Y torna el día del Señor en otro domingo opaco.
De la desesperación y la culpa yace prisionero.
Su alma en horas eternas de zozobra y amargura
Llora y lamenta en soledad su incauta osadía,
Por haber perdido la luz de aquel bello día.
Promete no cortar más, por más bello el racimo
Por más bellas que sean las flores del árbol prohibido.
Cuando al jardín salga el próximo domingo
Y de nuevo sea tentado por un bello racimo
Esperamos que por temor a Dios y obediencia
Busque otro árbol que no sea nocivo.


MARÍA

María, escuchas mis plegarias del alma en silencio
Como una gota de agua dulce que cae en el océano
Se ahoga el gemido y clamor de mi sufrimiento
En un tranquilo mar de serenidad y descanso.

En virtud del contraste entre nuestra dimensión:
Tú, reina del vasto cosmos y toda la creación;
Yo, un simple, olvidado y pobre pecador, no soy digno
De tu audiencia, de tu auspicio y mucho menos de tu amor.

El coro angelical que le endulza los oídos a Dios
No se compara con la pureza de tu silente voz.
De osadía también peco porque no soy digno
De pronunciar tu nombre y lastimar tu corazón.

Abriré mis labios, para elevar y cantar tu alabanza,
Para que mi canto como pardal se fugue de mi jaula
Y vuele más allá del bullicio de dolor que me aprisiona
En busca de tu silencio la más dulce melodía.


EL ETERNO PRESENTE PROGRESIVO

Y todo, en un presente progresivo se desarrollaba
Ante ciegos espectadores que no se percataban
De las macabras tempestades que se urdían
Desconcertando a los átomos que armonizaban
Y a los elementos que en concierto cantaban:

El negro telón de la divina tragedia se cerraba.
Por orgullo un bello ángel a Dios traicionaba
Y a una inocente mujer una manzana le daba.
Los cielos de sangre se revestían
Mientras el dolor de sus entrañas brotaba.
Un hermano a otro por envidia mataba
Y en un diluvio la humanidad se ahogaba.
Mientras la tormenta infernal de la muerte amenazaba
Nubes de lava a escondidas se acercaban.
Por lujuria dos ciudades en fuego se consumían
Y por desobediencia una mujer en sal se tornaba.
La desesperación y el desconsuelo lloraban
E insufrible dolor en la esclavitud les anegaba.
A un pueblo esclavo en libertad Dios ponía,
Mientras que con la duda y desobediencia le pagaban
La obscura noche del cosmos continuaba.

Y la historia en un presente progresivo que no se detenía
A todos los profetas a muerte apedreaba.
Se apiada Dios de una humanidad que sufría
Y su Espíritu concibió en la Virgen María
Al Alfa, al Omega, a la Palabra Viva,
Al Salvador del mundo con toda alegría.
Y la historia que a todos los profetas apedreaba
Al Salvador del mundo crucificaba.
Y en el presente progresivo estamos todavía
Sin entender lo que son los celos y es la envidia,
Sin poder distinguir entre el amor y la lujuria.


CAMINANTE, SÍ HAY CAMINO

Caminante, sí hay camino, tan sólo tienes que andar.
Hay muchos caminos, no te vayas a equivocar.
No todos los caminos llevan a Roma,
Algunos se disipan, otros van a dar al mar.

Caminante, sí hay paisajes, tan solo tienes que mirar.
Hay muchos paisajes, no te vayas a equivocar.
No todos los paisajes están colmados de belleza,
Algunos son espejismos que se disipan, otros están más allá.

Caminante, sí hay amor, tan solo tienes que amar.
Hay muchos amores, no te vayas a equivocar.
No todos los amores llevan a la dicha,
Algunos se disipan, otros te harán llorar.

Caminante, sí hay humildad, tan solo tienes que humillar.
Hay muchas humillaciones, no te vayas a equivocar.
No todas las humillaciones te llevan a la humildad,
Algunas se disipan en infundios, otras son falsa personalidad.

Caminante, sí hay esperanza, tan solo tienes que orar.
Hay muchas oraciones, no te vayas a equivocar.
No todas las oraciones conducen a la paz,
Algunas se disipan si antes no has de perdonar.

Caminante, sí hay camino, tan solo tienes que andar.
Son muchos los caminos, no te vayas a equivocar.
Todos los caminos menos uno te han de extraviar,
Ese camino es Cristo, el único camino de verdad.


ECO EN MIS RECUERDOS
Versos dedicados a Paula Bryant

Tu vos, eco en mis recuerdos,
Como delicada lira
En manos de una diosa.
Reverbera en mi memoria
Las bellas palabras de amor
Dichas en tu suave español,
Cuando en aquel caluroso verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu dulce voz me embriagaba.

La fragancia de tu cuerpo,
Celestial aroma que evoca
En mí reminiscencias
De tu sudor sagrado,
Cuando en el calor del verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu efluvio me embriagaba.

Mis labios rememoran
Tus tiernos pechos,
Suaves como el rocío
En los pétalos de una rosa
De una mañana de abril.
Mis manos también recuerdan
Tus suaves ensenadas caderas,
Cuando en aquel verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y el calor de tu carne me embriagaba

Mis dedos aún retiene la recordanza
Del sabor de tus suaves labios;
El gusto de tus tiernos pechos.
De entre tus piernas tu sabor
Dejaba en mi paladar una acordanza
Que recordaba en aquel verano
Cuando nuestros cuerpos se derretían
Y el sabor de tu piel me embriagaba.

Tu angelical mirada
Esculcando los recovecos
Más recónditos de mi alma.
Dejaba en mi corazón la huella
De tu más dulces recuerdos.
Me abrían tus ojos
Las azules puertas
Invitándome a entrar
A la más bella morada
De tu fuero interior.
En aquel caluroso verano
Nuestros cuerpos se derretían
Y tu mirada me embriagaba.


UNA TARDE
Versos dedicados a mi esposa Paula Bryant de Bonilla.

Una tarde durante un solsticio de verano
Ellos por primera vez se conocían.
Él, con su mejor traje y flores en la mano;
Ella, de negro junto a la Virgen lo esperaba
En la Basílica de San Juan Capistrano.
Él, con profundos ojos negros la miraba;
Ella, con sus ojos color cielo respondíaÖ
Y del ansia estallaban cándidas sonrisas.
Él, furtivamente el paso aligeraba,
Ella, junto a la Virgen se quedabaÖ
Se acercaban los cuerpos, un abrazo se daban,
Como si desde hacía mucho tiempo se conocieran.
Y en unísono sentía el uno lo que el otro sentía:
Esa parte del alma que siendo propia es ajena,
Esa parte perdida en los dédalos del tiempo.
Dos cuerpos en el fondo de la queda basílica
Y una sola sombra en la penumbra del templo.
Como dos arroyos que convergían en un caudal
Unidos salían del templo juntos de la mano.
En esa misma bella tarde de verano
Se conocían también dos golondrinas
En el campanario de San Juan Capistrano.


EN LA OBSCURA NOCHE
Versos dedicados a mi esposa Paula Bryant de Bonilla.

En la obscura noche, una soledad amarga
Y como un relámpago inesperado
En el calor del desierto
El amor despierta con el alba.
Dorados rizos tiene la aurora
Y como si fuese mujer, azules los ojos.
Compasiva me mira muy de lejos
Y con sus blancos dedos de nube
Cartas de amor en el cielo me escribe.
Teje su prosa un lienzo divino,
Lo envuelve en una puesta de sol
Y me lo envía como recado de amor.
La soledad, por dichosa alegría trocada...
En lo pleno del día me encuentro ahora.


EL LOBO Y LA DONCELLA (poema infantil)

Andaba un viejo lobo,
De esos que andan solos,
En lontananza perdido.
Tenía el pelaje blancuzco
De pasar tantos inviernos.
El viejo lobo ya cojeaba
Y maltrecho se encontraba.
Se le había nublado la vista
De rumiar tanto en las estepas.
Ensimismado en el invierno seguía
Y no percibía la luz de la primavera
De tanto buscar lo que no encontraba.

En otro ámbito de la geografía
Cerca de un bosque encantado
Se encontraba una doncella.
Inefable era su descripción,
Pues del mundo era la más bella;
Su alma era blanquísima,
Más blanca que las estrellas.
Jugaba con un niño a las escondidas
Como si una niña ella también fuera.
Al esconderse, de su casa se alejó
Y en el bosque encantado se extravió.
El mismo día el lobo al bosque se dirigió.

Un encuentro imposible parecía
Por ser tan vasta la geografía.
A pesar de que de probabilidades
El lobo no sabía, no obstante,
Y por arte de magia fue a parar
A donde la doncella se escondía.

Al principio ella le temió,
Pero era tanta su bondad
Que del lobo se apiadó.
Y en virtud de su belleza
El lobo en cachorrito se volvió.
La doncella la patita le curó,
Le lustro el pelaje gris
Y como a un animalito de peluche
Le dio un besito en la nariz.
Al lobo la visión se le aclaró.
Pudo ver el sol y las estrellas
Y vio a la doncella más bella
Que en la historia existió.

Y muy amigos se hicieron.
Y juntos a la casa volvieron
Donde el niño aún seguía
Contando a las escondidas.


LA GEOGRAFIA DEL ALMA

Estudia la geografía de tu alma
Con mucha cautela y esmero.
Que te hundes sin darte cuenta
En la indiferencia del fango
De tu impasible conciencia.
Del fétido y obsceno pantano
Ojalá puedas salir algún día.
Estudia asiduamente y con ahínco
Porque arrastrarte por la charca
De un cenagoso atolladero
No es digno de la honra
De un cristiano caballero.
Despierta y recapacita
Que cerca hay un barranco
Y te puedes despeñar
Por un tenebroso precipicio.
Tal abrupta y siniestra caída
Da al abismo del propio infierno.
No sé si podrás tener salida
Porque fácil es darse por vencido.

A escalar pues, se ha dicho.
De tu conciencia desecha toda carga
Ya que tienes que trepar liviano.
Olvida todo recuerdo que te amarga
Porque tienes que ascender ligero.
Ya está oscuro y el tiempo apremia
Que tan sólo para alcanzar el llano
Largo y sombrío trecho te espera.
Cuando logres llegar a un descampado
Huye de tu impávida conciencia;
Huye de lo que te ha tenido atascado
Desde tu primera infancia.


SEÑOR

Señor, si antes no te había pedido sabiduría
Es por mi arrogancia espiritual al creer que ya la poseía.
Señor, perdona mi indiscreción.
Señor, te ruego, te dignes perdonar mi osadía.
Según mi entender ha sido por ignorancia y no por rebeldía.
Señor, perdona mi desacierto.
Y si he pecado de la más desleal rebeldía
Ha sido por no entender mi dolor debido a mi ignorancia.
Señor, perdona mi desconcierto.
Recuerdo el gusto por las tinieblas que desde mi infancia sentía;
Los demonios que a diario me visitaban al morir el día.
Señor, cúbreme con tu manto.
Mi obsesión con la carne, la razón por la cual te traicionaría
Al igual que el Rey Salomón, aunque él sabiduría si tenía.
Señor, perdona mi traición.
Mi obsesión con la carne que me atormenta hasta hoy día
A pesar de tener los años viejos y la barba emblanquecida.
Señor, de mí ten compasión.
Sé que es hora de decirle adiós a la sangre enaltecida,
Abandonar este viejo calabozo y buscar nueva guarida.
Señor, dame alojo en tu mansión.
Apaga este fuego, pero deja la luz encendida.
Que tengo miedo y peco también de cobardía.
Señor, sé tú mi bastión.
Ten piedad de mí y líbrame de esta mi eterna melancolía,
Que mi conciencia me flagela y no me da salida.
Señor, ábreme tu corazón.
Bebo el brebaje de los espíritus en lugar de tu agua cristalina.
Sigo sediento, busco la disipación y me quejo de la vida.
Señor, perdona mi desviación.
Alego tenerte temor, sin embargo abuso de tu benevolencia.
Miro hacia otra parte y hago caso omiso de tu advertencia.
Señor, perdona mi degradación.
Alego tenerte amor, sin embargo no guardo tu enseñanza;
Me desconcierto ante las pruebas y pierdo la esperanza.
Señor, perdona mi falta de decisión.
Concédeme el espíritu de la templanza y la disciplina,
Pero sobre todo, concédeme humildad y sabiduría.

Jorge Enrique Bonilla







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