Mi Mascota Favorita
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Nace un nuevo escritor latino.

Fue en el año 1996 en que conocí por primera vez a Jesse Arteaga. Estaba yo trabajando en ese entonces como maestro bilingüe de segundo grado en una escuela llamada Barton Hill Elementary School, perteneciente al Distrito Escolar de Los Ángeles y ubicada en la ciudad de San Pedro, California. En esa época estaba vigente el programa de enseñanza bilingüe en el estado de California y, por consiguiente, las clases de lengua se impartían en español (razón por la cual el cuento escrito por Jesse está en español). Como soy aficionado a la escritura me tomé muy en serio la enseñanza de la escritura. No tardó Jesse en llamarme la atención con su exquisita y fina manera de expresarse por escrito. Sí, quizá yo le serví de guía e inspiración a Jesse, pero Jesse traía consigo una capacidad lingüística y una especial aptitud para para la comunicación escrita. El cuento que escribió estando en segundo grado muestra una gran lucidez intelectual y capacidad para la creatividad literaria. Para honrarle y para promover su genio les brindo este exquisito cuento tan representativo de Jesse.
Jorge E. Bonilla

"Mi Mascota Favorita"

Una vez que visité una tienda de mascotas me gustó mucho un perico y lo compré. El perico era muy chiquito y yo le tuve que dar de comer en el pico. Cuando ya podía comer solo le puse de nombre Kico.

Este perico era muy inteligente y pronto se enseñó a decir mi nombre. Cuando yo llegaba de la escuela lo primero que hacía era ir a ver a Kico. Kico cuando me veía empezaba a cantar y a decir mi nombre.

Kico pronto creció y empezó a volar. Yo me sentía muy orgulloso de kico, lo ponía en mi hombro y le hacía muchos cariños.

Kico con el tiempo se hizo muy travieso. Empezó a esconderme las cosas que podía coger con el pico y las llevaba a su jaula. Cuando yo me estaba mudando de ropa se llevaba mi calcetín y me lo escondía.

El perico era de unas plumas muy bonitas y de unos colores muy fuertes. Kico era un pájaro envidiable por lo bonito e inteligente que era.

Los fines de semana me lo llevaba al parque y se sentía muy feliz, volaba entre los árboles y se ponía a cantar y a chiflar. Toda la gente se quedaba sorprendida por el bello gorjeo de Kico. Unas personas en el parque ofrecían comprármelo, pero yo les decía que no lo vendía por nada del mundo. Las personas insistían y yo siempre me negaba.

Dejé de llevarlo al parque porque tenía miedo de que me lo robaran ya que tantas personas lo querían. Kico empezó a sentirse muy triste y no quería comer. Me empezó a preocupar. Ya no quería cantar ni chiflar. Estaba muy triste. Yo le pregunté a Kico: "¿Qué tienes, quieres ir al parque?" Kico movió la cabecita señalando que sí. El siguiente fin de semana lo llevé al parque otra vez y lo dejé en libertad. Kico se veía muy feliz y me di cuenta que los animales tienen que estar libres para ser felices.

Cuando regresé a casa me sentí muy solo y muy triste. Al pasar los días lo empecé a extrañar cada vez más. Extrañaba su gorjeo y su chiflado. Un fin de semana decidí ir al parque a buscarlo. Cuando caminaba por el parque de repente sentí que algo se me paró en el hombro y dijo mi nombre. Me volteé, lo agarré y lo empecé a acariciar. ¡Era Kico!


Yo comprendí que no había perdido a mi amigo. Kico era muy feliz siendo libre. Yo estaba muy feliz de saber que Kico era feliz entre los árboles. Al fin ambos logramos la felicidad. Yo aprendí que no hay nada más bonito que la libertad.

Jessee Arteaga, 1996


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